La tierra, nombre dado a nuestro planeta, es una parte de la naturaleza fundamental para vivir. También es sinónimo de guerra y de paz; de hogar, región, pertenencia y de desplazamiento, injusticia, rebelión y muerte; de pobreza y de riqueza; de poder y estatus social.
Hablar de tierra, es hablar de agro; y hablar de agro es hablar de tierra y del campo.
Pero la tierra, su distribución y sus derechos de propiedad, siempre han originado problemas sociales y económicos, y Colombia no ha sido ajeno a ello pues la violencia por la tierra y su riqueza ha escrito nuestra historia: invasiones, despojos, extorsión, manipulación legal y robo de la tierra.
La tierra y su tenencia generó conflictos entre grupos socioeconómicos, desatando un conflicto desde 1964 y el surgimiento de la guerrilla de las Farc.
Motivada por las charlas semanales con impulsadores del agro y el amor a mi provincia, me di a la tarea de investigar sobre el agro en el país, encontrando que son muchas las causas y situaciones que podrían explicar todos estos conflictos. He aquí una breve reseña.
Empiezo contando que Colombia registra avances en ciertos períodos de tiempos: la primera política agraria en 1821; la liberación del pago de diezmos eclesiásticos en 1824; las reformas liberales facilitando el sector cafetero; la navegación por el río Magdalena que, en 1850, permitió la conexión del interior con el mundo; la ocupación de nuevos territorios; la recuperación y consolidación del sector agrario en 1934.
Otros factores, han afectado negativamente la economía agraria: la crisis mundial de 1929 y la Segunda Guerra Mundial, el desplazamiento de la población rural a las ciudades; la crisis económica por la baja en el precio del café; y la falta de continuidad en los planes agrarios.
La historia registra que López Pumarejo reconoció derechos sobre tierras y proclamó la Ley de Tierra de 1936; que Lleras Camargo proclamó la reforma social agraria Ley 135 de 1961 y la creación del INCORA, y que Lleras Restrepo impulsó la reforma agraria.
Este último sostenía que era necesario distribuir la tierra para que pequeños y medianos propietarios la trabajaran y se frenara la migración hacia las ciudades; además, que debía mejorarse la calidad de vida rural. Otros, los seguidores de Currie, afirmaban que la agricultura comercial desarrollada en los 50 proponía el uso de los predios mediante instrumentos fiscales.
Encontramos que el gobierno, entre 1970 y 1974, impulsó la construcción y las exportaciones; que las PYME lograron superar las exportaciones de café; y que el pacto de Chicoral, en 1972, terminó dejando inaplicable la reforma agraria.
Posteriormente, de 1974 a 1978, se plantea la política de desarrollo de las economías campesinas dotadas de una buena capacidad empresarial gracias a la incorporación de la estrategia de investigación básica y difusión del Fondo de Desarrollo Rural Integrado, DRI.
A mediados de los años 80, el tema agrario pierde importancia como política pública, debido a factores como la crisis industrial, el crecimiento del M-19, la violencia rural, el secuestro relacionado con el tráfico de drogas.
Sin embargo, esa década finaliza con un impulso agropecuario, pues el gobierno Nacional -entre 1986 a 1990- planteó la modernización del sector agropecuario como un objetivo general de su política, que se aprecia en PIB agropecuario -empresarial- con un crecimiento superior al PIB total.
Sin embargo, este impulso es frenado por la apertura económica y su implementación en los 90. La agricultura familiar va en caída y los programas de desarrollo rural se desmontan, desconociéndose la importancia de la agricultura en Colombia y en el mundo.
Así finalizando el siglo XX, el país es fuertemente golpeado por los cultivos ilícitos y narcotráfico, el fortalecimiento de los grupos guerrilleros y paramilitares, la minería ilegal, el desplazamiento y el terrorismo.
Con nuevos aires inicia el siglo XXI, planteando el fortalecimiento de los acuerdos de competitividad de las cadenas productivas y la promoción de las alianzas, pero el agro es afectado por la debilidad en la investigación agrícola y la inestabilidad por fallido proceso de paz en el Caguán.
En la primera década del 2000 se hacen esfuerzos para adecuar el sector agropecuario a los TLC con E.U. Canadá y la UE beneficiando proyectos empresariales, pero se frenaron por los pocos avances conseguidos en cuanto a infraestructura, transporte, ciencia, tecnología e innovación que se requerían para ser competitivos.
Y finalmente, en 2017, se da la firma del Acuerdo de Paz, para dar fin al conflicto con las FARC, y la elaboración de una propuesta para la creación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.
Habría que decir también que ideas y planes de corto plazo, han existido y que el Estado ha sido facilitador de los logros de producciones específicas, pero que el desconocimiento y la falta de visibilidad de otras producciones -no menos importantes- han impedido la implementación de políticas acordes con las regiones, su gente y sus necesidades.
En toda esta historia se basan los autores que expresan que en Colombia la falta de continuidad en los planes agrarios ha afectado negativamente el agro dando paso a períodos con incrementos en protección alternados con los intentos fallidos de liberalización del comercio.
Creo que es evidente que nuestra capacidad para resolver los conflictos y llegar a acuerdos para trabajar por el bienestar común, la transparencia de los procesos y dar continuidad a las políticas públicas no es nuestra mayor virtud.
Pero no por eso, dejaremos de insistir en que se necesitan políticas que mejoren la tierra y específicamente el agro -representado por 43,1 millones de ha y 2,7 millones de productores- que acaben la incertidumbre de la tenencia de la tierra, el rezago del sector y se puedan lograr avances agrarios como los registrados en Perú, Chile, Brasil, Honduras o México.
@sisi_bq
Ver artículo en
https://diariolalibertad.com/sitio/2019/07/08/tierra-escasez-y-abundancia-parte-1/
¡Hola! Bienvenidos a este espacio con publicaciones sobre temas sociales de interés para toda la comunidad. Porque todos podemos y debemos contribuir con el propósito de hacer de nuestra ciudad una mejor ciudad para nosotros y para las nuevas generaciones, ¡atrevámonos a soñar y a hacer realidad nuestros sueños!.
domingo, 11 de agosto de 2019
TIERRA: ESCASEZ Y ABUNDANCIA – parte 2
“Atlántico:
territorio de paz”, un eslogan, un compromiso, una semblanza de vida de una
parte de Colombia que no vivió directamente la dureza y crueldad de un
conflicto armado por la tenencia del poder y de la tierra, pero que sí es
víctima –como todo el territorio- de la violencia, pues las consecuencias del
conflicto afectaron su estructura y composición económica y social.
Dentro de ese orden
de ideas, se encuentra lo agrario, ya que la falta de una política y la
discontinuidad en los planes nacionales ha impactado negativamente las
realidades locales y regionales en el sector.
Ya
lo describí en la parte 1, es evidente que el tema rural y de producción es
complejo; tiene muchas aristas y los esfuerzos y logros no son alcanzables en
el corto plazo. Es por ello que los líderes políticos y gremiales no pueden
mostrar avances significativos en su gestión y prefieren las obras físicas, porque
los visibilizan más. Algunos dirán que
son populistas, pero debemos reconocer que somos nosotros los demandantes y los
consumidores del populismo.
Ahora
bien, muchas veces, las funciones y la responsabilidad de sensibilizar y
potencializar la mirada y la inversión en campo se diluyen, porque todo se
dirige a la ciudad y sus cómodos entornos y no se direccionan lo recursos hacia
los proyectos productivos agrícolas.
También
es cierto que se han aceptado conceptos errados del trabajador del campo y la
zona rural que impiden actuar sobre la realidad con el diseño y desarrollo de
planes que mejoren la atención hacia el productor: desconocemos su realidad y
los juzgamos severamente.
Cabe
considerar que con los productores minoritarios sucede como con tantos colombianos,
que, viviendo en condición de escasez, no cuantifican bien los gastos, no usan
los fertilizantes suficientes, no aplican los controles de malezas y
enfermedades y mucho menos contabilizan la mano de obra.
En
otros casos en la cadena productiva no se le reconoce lo justo y necesario; así
muchos productores prefieren no entrar en la gran superficie cuyo pago se da a los
45 o 60 días, y prefieren ir a las plazas donde reciben el pago inmediatamente,
aunque sea a menor precio.
Por
todas esas situaciones, se infiere que se necesita implementar modelos que
ayuden al productor a aliviar su carga, para que despejándolo de su mañana
inmediato pueda tener la posibilidad de visionar mejores cultivos,
comprendiendo el concepto de productividad: técnicamente se puede producir más
y mejor.
En
la búsqueda de soluciones encontramos propuestas como la de los mercados
campesinos permanentes, donde el productor pueda ofrecer sus productos
directamente a restaurantes u hoteles y a la población en unidades móviles.
Se
debe mencionar además la creación de centros de transformación de productos,
excelente para el fomento de la industria y el empleo, aclarando que no es una estrategia de recuperación del agro a menos que incluya
al productor como su eje, como su punto de partida.
Por
otra parte, los autores apuestan a que los gobiernos apoyen la agricultura a
pequeña escala y concluyen que los productos agrícolas en condiciones
aceptables son eficientes y tienen la capacidad de contribuir al desarrollo
económico y a la solución efectiva para la pobreza rural. (Berry, Avance y
Fracaso en el Agro Colombiano, 2017).
En
conclusión, el cuento es volver productivo el agro a una escala competitiva y
sostenible, una ardua tarea que implicará riesgo y sacrificio, esfuerzo,
trabajo y dedicación, pero también elementos que –muchas veces- para nuestro
entorno son novedosos: ciencia, tecnología e innovación, porque producir bien
no es ninguna garantía, dado que otros producen igual o mejor que tú.
Y
el Estado como facilitador, debería priorizar el agro, y sus necesidades
particulares, tal como aconteció en el siglo pasado, cuando se impulsó el café
en Colombia.
De
tal manera que las gestiones deberían capitalizarse y verse consolidadas con el
diseño de una ruta de recuperación agraria a largo plazo, que defina el enfoque
agrícola del departamento - acorde con las condiciones de la región, del
territorio y el mercado y que -contando con el concurso y disposición de sus
actores- garantice su continuidad y permanencia en el tiempo.
Para
ello la ciudadanía necesita elegir gobernantes con visión agraria, que miren y
entiendan el campo: sus dificultades y potencialidades y que sean capaces de liderar
esos procesos de mejora de la producción para reavivar el interés por producir
y producir para generar ganancias.
Dicho
en otras palabras, necesitamos de esos gobernantes que den la pelea por hacer
la transformación del campo, gestionando el centro de transformación con la
estrategia de recuperación del productor y beneficiando a esas familias que aún se dedican al agro.
Evidentemente requerimos
de líderes que quieran sembrar, abonar la tierra para escribir otra historia y pese
a las presiones por no presentar resultados en el corto plazo y puedan ser
recordados posteriormente como impulsadores del agro.
No
faltarán voces que afirmen que estos procesos son difíciles y complejos y sí, lo
son, pero la historia confirma que grandes realizaciones requieren de personas hacedoras,
con carácter y, primordialmente de voluntad política.
@sisi_bq
Publicado en
https://diariolalibertad.com/sitio/2019/07/29/tierra-escasez-y-abundancia-parte-2/
miércoles, 5 de junio de 2019
LO SABEMOS Y NO QUEREMOS
Cuando escucho decir
que la gente no cambia, gratamente viene a mi memoria la opinión de una amistad
que tajantemente afirma que la gente sí cambia, y más aún cuando la motivan las
metas laborales.
Creo en los cambios
como resultado de un proceso interior, de una decisión para desarrollar las habilidades
y competencias necesarias para alcanzar un sueño o meta.
Pero sucede que muchas
veces vamos cambiando inconscientemente, pues el exterior y las circunstancias lo
demandan, y ajustándonos a ellos, quizá no somos conscientes de los logros que
podríamos alcanzar.
Por eso, ante el
cuestionamiento de cómo lograr cambios significativos para contar con una mejor
sociedad, respondo sin titubear que sí podemos, pues definitivamente sabemos lo
que debemos hacer, pero no queremos.
No queremos y más
bien, preferimos acomodarnos a las circunstancias del corto plazo, para
asegurar el sustento diario, cercenando la posibilidad de visualizar un mejor
mañana.
Somos seres inteligentes,
dotados de grandes capacidades y habilidades, pero no queremos incomodarnos y
nos falta decisión para erradicar “la cultura del vivo que vive del bobo”.
Ahora bien, aunque
suene trillado, eso se logra con educación y voluntad.
Realmente,
necesitamos una educación de calidad que permita formarnos en el respeto para
permitir el desarrollo propio y del otro, en responsabilidad para asumir las
consecuencias de nuestros actos.
Necesitamos una educación
que permita sigilosamente aplicar las sanciones a quienes sabemos actúan mal y nos
perjudican social, moral y económicamente, y dejar de alabarlos, consentirlos,
aplaudirlos y defenderlos porque tienen dinero y/o poder.
Educación para
entender la importancia de colocar la basura en su lugar, sembrar árboles,
cuidar las obras realizadas por los gobernantes, o no colarse en la fila.
Nos urge una educación
para comprender que necesitamos paz, empleos, más justicia, y más personas preparadas,
productivas y dedicadas a un oficio digno; satisfacer las anteriores
necesidades, nos hace atractivos al resto del mundo.
Es imperativo
cultivar una voluntad para ejecutar programas apoyados en la investigación y en
la ciencia, -alejados del amiguismo-, cuyos resultados permitan convencernos
que sí se pueden producir los cambios requeridos.
Educación y
voluntad para que resurja la esperanza, para actuar, para visualizar un mañana y
atreverse a trabajar por ello.
@sisi_bq
viernes, 24 de mayo de 2019
EXPECTATIVAS DE CRISTAL
Cuando el deporte nacional nos trae noticias y de las
buenas, sin lugar a dudas, los logros, esfuerzos y sacrificios de los
deportistas actúan como un catalizador en la gente, inyectando la vida de optimismo
y pasión, actitudes que engrandecen la existencia del ser humano.
Volvemos a creer en el país y amar lo nuestro.
Ahora bien, los sentimientos cambian cuando por la
euforia y el optimismo, creamos una expectativa la cual no es cumplida por
nuestros jugadores y equipos.
Es natural desilusionarnos cuando se pierde, pero esto no
puede justificar que se ofenda, ultraje o atente contra nuestros deportistas,
-especialmente futbolistas y ciclistas-, ya que somos nosotros mismos quienes
los idealizamos y fabricamos las expectativas.
Así pasamos de engrandecerlos a ellos y a sus equipos, a
empequeñecerlos y juzgarlos severamente.
Fácilmente olvidamos que, para los deportistas, el
deporte no es juego, sino su profesión, su trabajo, su sustento de vida, y que
antes que, a nosotros, es a ellos a quienes más les interesa y les conviene
ganar.
Todos sabemos que Colombia goza de un reconocimiento
internacional gracias a la trayectoria de los deportistas colombianos y deben
merecen nuestro respeto y consideración.
No se trata de ignorar las fallas o los errores, sino de
aceptar los resultados y evitar caer en el tan conocido juego sucio colombiano,
el del ultraje, la agresión, la división y el irrespeto.
Por otro lado, a pesar de ello, siempre hay muchos que
ante los efectos de la crítica destructiva e innecesaria se solidarizan con las
personas criticadas y contrarrestan todo el mar de quejas y afrentas, pues
parecieran percibir los sentimientos de los afectados y sus familias y
reflexionan sobre todo lo que deben superar y manejar porque sus oficios o
labores son visibles y están expuestos a todos.
@sisi_bq
Publicado en
EFECTIVIDAD DE LOS RESIDUOS
En nuestra ciudad, la gente sigue siendo muy comunicativa
y amiguera, permitiendo la creación de relaciones con personas con las que nos vemos
a diario.
Así es como, con el paso del tiempo identificamos a los
transeúntes, los vendedores de frutas, de arepas, de películas, los
recicladores y los que nos facilitan una zona de parqueo, llegando a conocer
sus nombres y necesidades.
Ahora bien, estableciendo esos vínculos, les cuento una
pequeña historia, la de un joven, no mayor de 30 años, casado, padre de 4
hijos, y quien 3 veces a la semana hace un recorrido por mi barrio y en su
carretilla recopila artículos que le puedan servir como reúso.
Su trabajo consiste en caminar por la ciudad, revisar las
bolsas de los desechos de nuestros hogares, y seleccionar los artículos que le
pueden servir para venderlos y así conseguir el sustento para él y su
familia.
No es gratificante observar esta labor, pero me es
imposible cerrar los ojos a esta realidad, a su actividad “laboral”, porque la
realiza sin ningún tipo de protección para sus manos y soportando el
desagradable olor que emana de los recipientes donde está depositada la basura.
Por
otro lado, sucede que en Barranquilla desde 2017, la Triple A, -la empresa
prestadora de aseo encargada-, también factura la recolección del servicio
aprovechable, el transporte selectivo hasta la estación de clasificación y
aprovechamiento o hasta la planta de aprovechamiento, -su clasificación y
pesaje-, recauda los dineros facturados para girárselos al prestador del
aprovechamiento. En Barranquilla existen
3 empresas de aprovechamiento de residuos, quienes le venden a la industria y
al comercio.
Siguiendo
con el joven de mi pequeña historia, debo anotar que el gobierno reglamentó un
periodo de transitoriedad que va hasta el año 2021 para que los recicladores
puedan organizarse y fortalecerse (Decreto 596 de 2016). Así que los recicladores y sus asociaciones
deben estar recibiendo la ayuda necesaria para que puedan organizarse y
fortalecerse, para que constituyan empresas de aprovechamiento y accedan a
empleos en las empresas de aprovechamiento, de tal manera que esta dinámica
favorezca la disminución de la informalidad, que a junio de 2018 alcanzaba el
57,2% según el DANE.
No menos importante es que la ciudadanía separe los
residuos en la fuente, es decir que desde los hogares los puedan separar en
aprovechables y no aprovechables. Y al respecto, me surgen varias inquietudes:
¿Ha recibido la ciudadanía suficiente información sobre aprovechamiento,
reciclaje, reúso, y la manera de distinguir y separar los diferentes elementos?
¿Cómo se está estimulando esta separación en la fuente? ¿Cómo estar seguros de
que nuestros desechos clasificados no se mezclan durante el proceso de
recolección? ¿Cómo se estimula a los usuarios que reciclan y colaboran con el
medio ambiente, si el cobro de las toneladas recicladas se divide entre todos
los habitantes? ¿Cómo acceden los usuarios a los descuentos por separación en
la fuente?
Por
cierto, la tarifa de aprovechamiento corresponde a la suma de costos de
recolección y transporte, y disposición final, más 30% de comercialización,
cuando exista el aprovechamiento, según lo determina la resolución 720 de 2015
de la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico.
Quisimos conocer los valores facturados y recaudados por
el servicio de aprovechamiento, o
las acciones previstas y adelantadas con este recaudo, pero no recibimos esta información de la Triple A.
Así que, esperemos que las instituciones distritales encargadas, realicen el control necesario
para garantizar e implementar las acciones en beneficio
del medio ambiente y la salud pública, el impacto en los recicladores
informales, que se deben realizar con el pago recibido por nosotros, los
usuarios, por la recolección y clasificación del material aprovechable en
Barranquilla.
@sisi_bq
Publicado en:
https://diariolalibertad.com/sitio/2019/04/22/efectividad-en-los-residuos/
https://canaltropical.co/?p=1254
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https://diariolalibertad.com/sitio/2019/04/22/efectividad-en-los-residuos/
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miércoles, 10 de abril de 2019
Mundos Paralelos
De niños añoramos crecer para que, cuando siendo “grandes” podamos dedicarnos
a un oficio, ganar dinero y sentirnos empoderados de nuestra realidad
circundante.
Con el pasar de los años, vamos advirtiendo que esto no es tan fácil ni tan
cierto, y experimentamos que se necesitan de muchos esfuerzos y sacrificios
para que nuestras habilidades se destaquen y sean bien retribuidas.
De otra parte, suele ser común que los padres quieran ver hecho realidad
los sueños de sus hijos y hasta desean ver los sueños no alcanzados por ellos, en
sus hijos. Así, caminamos en búsqueda
de oportunidades para alcanzar nuestras metas, nuestro proyecto de vida,
personal y familiar.
Ahora bien, andando entre la esperanza y desesperanza damos pasos, brincos
y hasta saltos que inevitablemente nos permiten desarrollar habilidades y
adquirir la experiencia necesaria para realizar cualquier oficio.
Curiosamente en países como el nuestro, la experiencia puede ser un
obstáculo, pues la falta o también el exceso de ella, resulta ser una
limitante, respectivamente, para jóvenes y adultos.
Así que, algunos optan por migrar a otros lugares; otros, se adaptan y se ajustan
a las condiciones del entorno y del sistema, y otros, optan por la ilegalidad, constituyéndose
en algunos casos en un verdadero peligro para la misma sociedad.
En ese orden de ideas, es agradable escuchar experiencias laborales de
aquellos que, desde el extranjero, afirman que en esos países existe una
valoración diferente por el conocimiento, experiencia y habilidades de la
persona, debido a que está concentrada en el aporte que se haga a la empresa o
institución, sin importar la edad, el género, inclinación sexual o raza.
Lastimosamente, el panorama descrito contrasta con nuestra realidad, donde
con frecuencia escuchamos que para acceder a las oportunidades se requiere de
alguna recomendación además del talento, experiencia y formación adquirida,
para no hablar de la limitante que impone la edad para aspirar a un empleo.
Obviamente, las condiciones de esos países -incluyendo las demográficas-,
son diferentes a las nuestras; es así como encontramos lugares donde sea
frecuente que se contraten personas con más de 60 años o con condiciones
físicas no ajustadas a ciertos parámetros sociales, o que como en el Reino
Unido, muchos de los empleados en los hospitales sean extranjeros.
No es raro, por tanto, inferir por qué se dan diferencias marcadas entre instituciones,
lugares, regiones y países del mundo.
Finalmente, es reconfortante encontrar latitudes del mundo en las cuales,
desarrollando competitividad, han roto estereotipos sociales, pues
comprendieron que, en la gente, sus competencias y su honestidad, está el
fundamento para alcanzar y mantener el progreso de la humanidad.
@sisi_bq
Publicado el 1 de abril de 2019 en el Diario La Libertad y Canal Tropical
miércoles, 20 de marzo de 2019
EN EL PUEBLO
Me llama la atención el consejo sobre no usar los
términos “pueblo” o “pueblerino” cuando se conversa con los habitantes de los
municipios. Yo soy de pueblo y no me incomoda que me digan así, porque soy consciente
de las ventajas de haber nacido y crecido en un pueblo: relaciones muy cercanas
con vecinos, amigos y familiares.
Sin embargo, quienes a muy temprana edad nos trasladamos
a la ciudad en busca de una mejor educación y más oportunidad, entendimos las
marcadas diferencias que se dan entre el pueblo y la ciudad, así como la
importancia de mejorar las condiciones de vida de muchos municipios como
resultado de los olvidos del centralismo.
A la larga con el traslado, muchos beneficios se dan,
pero también es cierto que se deben superar las consecuencias de estar alejados
de papá y mamá, así como el sentirse de allá y de acá; por eso, y mucho más,
impulsar y mejorar las condiciones de quienes no viven en las ciudades es y
seguirá siendo una prioridad.
Ahora bien, pensemos en esta propuesta: ubicar la
Gobernación del Atlántico en un pueblo del departamento para fortalecer lo
regional y facilitar la gestión que las municipalidades deben realizar ante
ella.
Esta nueva localización, impulsaría otro polo de desarrollo
departamental para fortalecer el centro y el sur del territorio departamental;
tal cual como la Alcaldía de Barranquilla ha planteado trasladar sus oficinas a
la zona de La Loma, en la ciudad.
Además, se tendría un impacto positivo en el descongestionamiento
del distrito capital por el desplazamiento que hacia él se da.
Ubicar la gobernación en un pueblo del Atlántico es una
forma de acabar con el centralismo que se irradia desde Bogotá al resto del
país y se replica en la actitud de las capitales hacia los municipios e incluso
desde las cabeceras de éstos, hacia el campo mismo.
Por otro lado, también es una forma de reconocer la
importancia de los municipios y su gente, y apoyando la descentralización, el
discurso regional y coherente con la Ley de Regiones, desconcentraría recursos
y poder para que se deje de mendigar, pues una idea más del centralismo es que
los pueblerinos preparados no están para gobernarse.
Así que, los conocedores y verdaderamente comprometidos
con las realidades y potencialidades de los municipios serían los llamados a
gestar y ejecutar -en sitio- los planes regionales de desarrollo, ya que para
muchos resulta incómodo tener que desplazarse al pueblo para trabajar.
Sintetizando diré, que la vida en el pueblo es sabrosa y
la calidad y cobertura de los servicios debe ser buena para evitar que muchos
busquen afuera lo que allí también deben encontrar.
Así pues, ad portas de la contienda departamental, será
interesante dar el debate, y analizar las ventajas y beneficios que se podrían
generar al ubicar la gobernación en uno de sus pueblos.
Finalmente, amerita exaltar a quienes trabajan y sirven
en lugares y rincones donde no es atractivo para muchos estar. Esos que se
educaron por fuera, con esfuerzo y dedicación y que hoy regresaron a vivir en
su pueblo natal o viajan diariamente desde la capital para servir a su gente,
dejando a un lado las ventajas laborales de la ciudad.
@sisi_bq
Publicado en
https://canaltropical.co/new/?p=114395
https://diariolalibertad.com/sitio/2019/02/25/en-el-pueblo/
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